La estrecha relación entre el hombre y el gato no deja que la naturaleza actúe para regular el ecosistema y la población de gatos.
La consecuencia que de ello deriva es una crisis de superpoblación, sobre todo en pueblos y núcleos urbanos, en donde el gato encuentra un cierto equilibrio entre espacio vital y fuentes de nutrición; el resultado es que el número de gatos nacidos es superior al de personas dispuestas a acogerlos en sus casas.
El hombre recurre con demasiada frecuencia al abandono y al sacrificio de los recién nacidos, cuando sería preferible un planteamiento preventivo que contemplara la esterilización. Contrariamente a lo que algunos creen, la esterilización no es perjudicial para la salud del gato, esta cirugía debe entenderse como una solución positiva que reduce el estrés y el malestar de las hembras durante la época del celo, elimina el peligro del cáncer de útero y reduce la incidencia del cáncer de mama.
En los machos disminuye la agresividad, evita las disputas amorosas y ayuda a prevenir el cáncer de testículos. La operación quirúrgica se realiza con anestesia general y es muy sencilla, tanto en las hembras (a partir de los seis meses de vida) como en los machos (entre los seis y nueve meses de edad). La operación requiere uno o dos días de reposo para que el animal se recupere totalmente.